12 nov. 2011

Análisis: The Elder Scrolls V: Skyrim



En medio de la guerra Civil en la provincia de Skyrim, los dragones, que se creían extintos, comienzan a reaparecer.

Luego de jugar Skyrim, es pertinente asumir que los desarrolladores del juego sin lugar a duda sufren de cierto grado de psicopatía. Definitivamente, el hecho de que sigan desarrollando éste tipo de juegos demuestra que no tienen ningún remordimiento luego de asesinar a unas cuantas millones de personas, al menos a efectos prácticos, de la faz de ésta tierra. Probablemente todos tuvieron padres abusivos.

Resulta que The Elder Scrolls V: Skyrim encierra al jugador en un nivel de inmersión tan grande, que es imposible que éste se despegue del juego hasta terminarlo. Y considerando que el juego tiene Quests infinitas, y que por lo tanto nunca se acaba, al jugador no le queda más remedio que permanecer para siempre en uno de los mundos más profundos, complejos y hermosos jamás creados en un videojuego.




No es un juego perfecto. Tu eterna travesía por Skyrim estará repleta de bugs, incoherencias y frustraciones. Por por el amor de Akatosh, que espectacular que será.


Más vivo que la realidad:




El nivel de autonomía y posibilidades que te da Skyrim, quizás no tiene precedentes. A partir del final de la primera misión, en la que escapas de una ejecución gracias al ataque de un dragón, tienes completa libertad de hacer cualquier cosa que se te ocurra. La trama principal, que puede durar de 10 a 20 horas (muy dependiente de tus habilidades y del nivel de dificultad), representa una ínfima porción del contenido que te ofrece el juego.  Puedo garantizar que estarás literalmente cientos de horas dentro del juego, y que pasarás menos del cinco por ciento de éstas en la trama principal (probablemente un tiempo equivalente al que pasarás detenido observando el paisaje).


La provincia de Skyrim es un escenario muchísimo más interesante que Cyrodiil (donde se desarrollaba Oblivion). Mientras que Cyrodiil era un mundo genérico, con praderas verdes y valles floreados, Skyrim es un mundo frío, donde la gran mayoría del paisaje es invernal. Sin embargo, Skyrim no es ninguna Groenlandia. No es una planicie grande cubierta de nieve. De alguna manera, Bethesda se las arregló para lograr que cada rincón de Skyrim sea único, y dentro del contexto de un mundo gélido, nos encontramos con incontables variaciones de cómo éste se presenta. Desde praderas con pequeños indicios de bajas temperaturas, hasta enormes montañas, con vientos helados, cubiertas de de nieve.

Pero lo que está dentro del mundo es lo más genial. De sólo caminar por los bosques, o por las laderas de las montañas, te encontrarás con todo tipo de animales, razas y monstruos. Puede ser que en una travesía no veas más que un venado solitario, pero hay chances de que te encuentres con más de una jauría de lobos, o con un grupo de gigantes, que con un patapum de lanzan por los aires y mueres. Es una tierra inhóspita, pero atrapante al mismo tiempo. Bethesda y sus paradojas…



Quests:



Ésta tierra virtual no está en sus mejores días. Los habitantes de Skyrim no sólo están siendo afectados por una guerra civil entre el imperio y los revolucionarios, sino que además los dragones resurgen misteriosamente y dedican sus día a asesinar a los mortales.




La trama principal del juego te coloca en el lugar de un jugador, con nombre y apariencia a tu gusto, que es reconocido cómo el nuevo Dragonborn. Cómo Dragonborn, es la única persona que puede realmente asesinar a los dragones, ya que puede robar sus almas. Al hacer ésto, el jugador gana “Gritos”, habilidades que tienen los dragones que son pasadas al jugador.




La trama principal es mucho mejor que la de Oblivion, y es completamente merecedora de ser jugada. Sin embargo, todos sabemos que el verdadero atractivo de Skyrim, son las quests secundarias. Entra a una taberna, y habla con la primera persona que te cruces. Ya tendrás una aventura nueva. Una enorme cantidad de los NPCs tiene trabajo que darte, y no estarás en ningún momento sin nada que hacer.

Éstas quests son realmente brillantes, y hay muy pocas que no vale la pena jugar. Bethesda logró que todas sean únicas, y el deja vú será inexistente mientras juegues. Las quests pueden involucrar cualquier cosa, y podrás estar un día pidiéndole a una niña que no moleste a un niño del pueblo, y otro destruyendo a una horda de demonios en una mazmorra. Todas las quests tienen una historia rica, y no son simplemente objetivos que cumplir.



Combate:








Por supuesto, en el centro de la mayoría de las quests, hay combate. Todo el sistema de peleas ha sido mejorado desde Oblivion, y es ahora mucho más equilibrado. Ahora podrás utilizar las dos manos, quizás agarrando una daga en una, y tirando llamaradas de fuego desde la otra. Las armas blancas son muchísimo más balanceadas, y se eliminaron las superarmas prácticamente invencibles de Oblivion.


Gracias por leer.

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